Por: Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
corcoba@telefonica.net
============================
A cualquiera de
nosotros le gusta llevarse bien con uno mismo, vivir mucho, pero mejor aún
vivir bien y, todavía más, poder sentir el amor todos los amaneceres, aunque
sólo sea para poder amar, y hallar en el bienestar del semejante su idéntico
afecto. Personalmente, me interesa mucho más el índice de placidez de un pueblo
que su producto interior bruto. Este último fruto lo único que hace es
volvernos materialistas. De ahí, que aplauda la labor de Naciones Unidas, por
reconocer la relevancia de la felicidad y el bienestar como aspiraciones
universales de los seres humanos y la importancia de su inclusión en las
políticas de gobierno. Pero también esta complacencia íntima depende de cada
uno de nosotros. En la medida que nos donemos, sin esperar recompensa alguna,
nos sentiremos más satisfechos. Obviamente, se precisa un nuevo modelo de vida,
que apueste por una prosperidad más colectiva, no sólo basada en la cuestión
económica, sino también en otros paradigmas medioambientales, sociales o
propiamente humanos.





