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Me alegra que un líder tan influyente en el
mundo actual, como el papa Francisco, para la celebración de la XLVII Jornada
Mundial de la Paz, tomase la fraternidad como fundamento y camino para la
armonía. Verdaderamente, sólo el rencor y la ambición tienen patria, no así la
concordia que no la tiene, porque no conoce muros, ni fronteras, alberga otros valores más del corazón y del
níveo deseo interior.
La globalización,
como ha dicho Benedicto XVI en la carta encíclica Caritas in Veritate, nos
acerca a los demás, pero no nos hace hermanos. Sin duda, el mundo necesita
hermanarse mucho más, abolir o reducir los ejércitos, para celebrar y
promocionar la armonía entre seres humanos. Indudablemente, es la gran
asignatura pendiente, la confianza y comprensión de unos y de otros, el
espíritu de la tolerancia y del respeto, que también ha de injertase en las
mentes y en los corazones de las gentes.





